Conmemoración del voto femenino

En nuestro país regía desde 1916 la Ley Sáenz Peña, que propició el sufragio universal y obligatorio pero exclusivamente a los hombres, dejando a las mujeres en un rol de inferioridad cívica que socialmente no era justificado.

Gracias a la fuerza y la pasíón de la compañera Evita, Juan Domingo Perón, firmó el decreto presidencial que le dio valor institucional a la ley 13.030, la cual otorgó a las mujeres de todo el país el derecho al voto, un 23 de septiembre de 1947.

De esta manera, también se cumplía un viejo sueño de luchadoras feministas como Alicia Moreau de Justo, Elvira Dellepiane de Rawson, la poetisa Alfonsina Storni y Silvina Ocampo, quienes desde los albores del siglo XX luchaban por la sanción de esta justa normativa.

El voto femenino recién se estreno cuatro años después, cuando el 11 de noviembre de 1951 más de 3.500.000 mujeres votaron por primera vez en la elección que reeligió a Juan Domingo Perón.

La lucha por este derecho fue larga y difícil. Los «Conservadores» se oponían a esta iniciativa de igualdad de género durante los tristes días de la Década Infame.

Con discursos que esgrimían que sería «costoso empadronar a todas las mujeres y lo difícil de enseñarles las responsabilidades del voto», cuando en realidad el temor mayor era la supuesta pérdida del control del voto con el consiguiente estado de fraude que se vivía en esos años en el país.

La llegada del peronismo en 1945 y la ola de reivindicaciones sociales que produjo la revolución popular, impulsó la iniciativa que fue tomada como un compromiso de lucha por la propia Evita.

Fue Evita quien desplegó y militó fuertemente una campaña hablando por radios y actos públicos, que derivó en la llegada al Congreso del proyecto de ley en julio de 1947. Primero fue votada sin grandes problemas en el Senado, mientras que en Diputados se plantearon debates más extensos e intenciones de modificar el texto de la mayoría.

La «maquina de impedir» y los sectores expertos en poner «palos en la rueda» ya trabajaban, como lo siguen haciendo hoy, contra los proyectos inclusivos y populares.
Esta idea de marginar a muchas mujeres, especialmente las más humildes, fue rechazada por la mayoría y reprobada por silbidos y pañuelos blancos por la gran cantidad de mujeres que llenaron los balcones del recinto de la Cámara baja.

La ley se votó por «unanimidad» tal cual como llegó el proyecto del Senado y 14 días después se convirtió en una norma con estado constitucional.

El 11 de noviembre de 1951, la «abanderada de los humildes» emitió su primer, y último voto, y lo hizo desde el lecho de su residencia donde se encontraba postrada por la enfermedad que ocho meses después le provocaría la muerte.

Esa foto con Evita votando en una urna que le acerca una enfermera y las innumerables colas de mujeres felices sufragando son las primeras postales de un hecho cívico que ya cumple poco más de seis décadas.

En esta primavera de 2010 recordamos la sanción de la ley 13030 y lo hacemos con orgullo, porque es nuestra realidad con medidas inclusivas.

Hoy seguimos en la misma senda, reconociendo derechos a los más postergados, a los más débiles, junto a los y las trabajadoras construyendo una patria para todos.

Lic. Adela Segarra
Diputada Nacional