“La Nación” al servicio de más ajuste y flexibilización laboral

La pluma de “La Nación” al servicio de más ajuste y flexibilización laboral contra nuestro pueblo trabajador

Nota de opinión de Patricia Cubría, diputada provincial

 

En buen criollo, el título de la editorial de hoy del diario La Nación “Dejar atrás el populismo” debería ser: “Queremos subsidiar a los empresarios del sector privado con los fondos de la ley de Emergencia Social”. ¡Señores, por favor! Parece que la avaricia no tiene límites.

Algunas definiciones que aparecen en el texto son la prueba fiel de la certeza de nuestro planteo, cuando afirmamos que en la fase actual del capitalismo se naturaliza y se justifica que haya un descarte de millones de seres humanos alrededor del mundo, que están destinados a la miseria, a morir de hambre y a la exclusión económica y social.

En el caso de nuestro país, estamos ante un gobierno de “ricos para ricos” que permanentemente transfiere recursos de los trabajadores y los humildes hacia los  grupos empresarios del sector privado cuya concentración económica y poder son enormes. Utilizan para ello todas las herramientas que estén a su alcance: el poder de su dinero; decretos y resoluciones del Estado y leyes acomodadas a su medida, además de contar con un blindaje mediático que se dedica a tapar todas las medidas que perjudican a nuestro pueblo trabajador.

En este caso, intentan presionar al gobierno para que no implemente la ley de Emergencia Social para transferir, una vez más, los recursos de los trabajadores de la economía popular a los grandes empresarios del sector privado.

En este modelo que nos proponen en la Argentina solo hay lugar para 10 millones de habitantes, los demás están de sobra, son de descarte, son “animalitos salvajes”, son “pobres porque no quieren trabajar”, “son vagos y no tienen educación”.

Permanentemente se utilizan frases hechas como al pasar que contienen mentiras muy alejadas de la realidad pero que se utilizan como verdades que no se sabe quién esgrime para justificar lo injustificable.

La pluma del grupo económico y mediático de La Nación pretende negar e invisibilizar el sacrificio sobrehumano que hacen los trabajadores humildes para salir todos los días a trabajar e intentar sobrevivir en un mundo tan injusto y violento que, mientras sus hijos lloran de hambre y carencias, se le enrostra en la cara y en la televisión un mundo de consumo, de lujos y de confort en el que nunca van a estar incluidos.

Convocamos a todos los que se atreven a decir que un sujeto es “pobre porque no quiere trabajar” a que vaya a la par de un trabajador de la economía popular un día, una semana, para ver cuánto le aguanta el cuerpo. Es negar el esfuerzo físico y la presión que significa vivir todos los días al día y ver que el sacrificio de todo un día de trabajo apenas alcanza para poner un plato de comida en la mesa y a veces ni eso.

Lo más peligroso de estos planteos es que niegan a amplios sectores sociales como seres humanos. Intentan por todos los medios estigmatizarlos para poder justificar que no tienen destino y que por lo tanto no es justo que tengan derecho a vivir dignamente.

Dice la editorial: “(…) No hay una definición de esta economía popular (…)” “(…) Estaríamos ante un caso de discriminación ya que quienes trabajan fuera de ese ámbito necesitan generar sus propios recursos para proveerse de alimentación, vivienda digna y esparcimiento (…)” o peor aún, los dichos de Olmedo que según el diario dijo lo que “seguramente todos pensaban (…) acá hay que pedir obligaciones y no dar tantos derechos. Les tienen miedo a los piquetes, tírenles una pala al medio del piquete y verán cómo se disuelve”.

Aquí lo tenemos, los niegan como trabajadores, se niegan a definirlos e intentan generar una falsa grieta con los trabajadores de la economía de mercado y los de la economía popular afirmando que no generan recursos y no trabajan.

Lo cierto es que intentan negar una realidad económica y social de la clase trabajadora que justamente no la generaron los trabajadores. La están generando quienes buscan rentabilidad a toda costa, concentrando y tecnificando la producción en pocas manos y utilizando la excusa de la productividad para deshacerse de los trabajadores.

No se puede tapar el sol con las manos, no se pueden meter debajo de la alfombra a millones de trabajadores y trabajadoras. Hay cientos de documentos, manuales y estudios académicos que dan cuenta de esta realidad.

Es muy cruel e injusto que no se considere trabajadores a quienes se encuentran excluidos de derechos económicos, sociales y laborales y además se los culpe a ellos de la marginación que soportan. Tanto en las ciudades como en el campo, los trabajadores de la economía popular se sacrifican igual o más que cualquier trabajador y sin embargo sufre en carne propia no poder gozar de los derechos mínimos para llevar una vida digna.

Desafiamos nuevamente a Olmedo, a los editores de este diario y a todos los que repiten que nuestros compañeros no son trabajadores, a que trabajen un día en alguna de las obras, empujando un carro, vendiendo en la calle o agachando el lomo en la tierra para producir los alimentos a ver si siguen diciendo lo mismo.

La ley de Emergencia Social, además de contar con el amplio apoyo de sectores sociales, sindicales y de la Iglesia, tiene tal legitimidad que los propios editorialistas advierten que “(…) la sanción de esta ley no puede ser sólo analizada como un instrumento para una mayor inclusión y ayuda a los más necesitados. Nadie se podría oponer a un objetivo virtuoso. (…)” Es por ello que en los últimos dos párrafos esgrimen sus argumentos falaces para amenazar a los trabajadores y decirle al gobierno lo que ellos, representantes de los grupos económicos concentrados, quieren hacer.

Otro párrafo de esta nefasta editorial plantea: “Es menester que, como se ha dejado trascender desde el poder político, se adopten decisiones tendientes a que, por la vía de la capacitación laboral y los incentivos a las empresas del sector privado, los planes sociales cedan paso a la creación de empleos genuinos”

¿Qué significa este planteo en concreto? Darles a los empresarios del sector privado el salario social complementario que se conquistó al calor de la lucha por la ley de emergencia social.

Es decir que los trabajadores pobres luchan por mejorar las condiciones de vida en la que viven millones de familias y la solución que pretende el diario de mitre es darle aún más recursos económicos y fiscales a los empresarios para que les salga más barato la contratación de trabajadores y así ganar todavía más dinero. Realmente es un planteo para el reino del revés: Démosle recursos a los ricos para ayudar a los pobres.

De la misma manera, afirman que “la mayor seguridad laboral de un trabajador no dependerá de un subsidio concedido graciosamente por el Estado, sino de su nivel de educación y empleabilidad para adaptarse al mercado de trabajo. (…)”.

Pareciera ser que la lucha, el sacrificio y la conquista de derechos de los trabajadores es para ellos una concesión graciosa del Estado que deja de serlo automáticamente si los fondos van a parar a las arcas patronales. Además, nos preguntamos ¿Qué pasa con los de trabajadores que no encuadran en la “empleabilidad”? ¿Cuántos son los trabajadores que no se “adaptan al mercado de trabajo”? ¿Están destinados millones de argentinos a morirse de hambre sin derecho a trabajar y a vivir dignamente?.

Lo que esconden los escribas del gobierno con esas afirmaciones es que en la Argentina sobran 30 millones de habitantes. Cambiemos gobierna sólo para los 10 millones más ricos del país. Nosotros, en cambio, buscamos construir una sociedad en donde el derecho a la Tierra, al Techo, al Trabajo y los derechos económicos, sociales y laborales con los que nos ampara el artículo 14bis de la Constitución Nacional, deben ser un piso de igualdad para los 40 millones de argentinos y para toda la humanidad.

El último párrafo, desnuda el planteo mentiroso de que las leyes laborales y el poder de los trabajadores organizados son las razones que impiden las inversiones, la creación de empleo y el aumento de salarios. Es decir, los responsables de todos los problemas son los trabajadores y no los empresarios ni el gobierno que son quienes actualmente están tomando las decisiones económicas.

“(…) Debemos reconocer que un sector del gremialismo ya ha tomado nota de que si no se corrigen normas y hábitos que afectan la competitividad, no habrá nuevas inversiones, ni creación de empleo, ni aumento real de los salarios. Los acuerdos deben seguir este otro camino…” sintetiza la nota.

¿Cuáles son esas “normas y hábitos” que afectan la “competitividad”? ¿El trabajo con derechos y salarios dignos? ¿El derecho de los trabajadores a tener una organización sindical que defienda sus intereses? ¿El derecho a tener una obra social, una jubilación, aguinaldo o vacaciones pagas? ¿El derecho a tener un techo digno donde vivir o un pedazo de tierra donde trabajar?

Lamentamos comunicarles que los trabajadores de la economía popular y el movimiento obrero organizado sabemos que nuestros destinos están estrechamente ligados porque pertenecemos a la misma clase. La unidad que se fue generando entre el movimiento obrero organizado y los movimientos populares no solo vino para quedarse, sino que se va a seguir profundizando. No vamos a permitir que avance una flexibilización laboral en la Argentina, vamos a afianzar más que nunca nuestra pelea en la calle por los intereses de las bases que representamos.