Quiénes Somos

Los argentinos hemos sufrido muchos años de oscuridad, injusticia social y dependencia económica. Muchos años de neoliberalismo que sumieron a nuestro país en el peor de los infiernos. El Pueblo en la calle dijo basta en aquel 20 de diciembre. Así empezó el principio del fin de esa larga y nefasta noche de la historia. Un nuevo sol empezó a asomar el 25 de mayo del 2003.

De la mano del presidente Kirchner la Patria va recuperando su dignidad. Después de aquel mínimo triunfo electoral que lo llevó a la Rosada, demostró con iniciativa y con firmeza que no estaba dispuesto a dejar sus principios y valores en la puerta.

La vigencia de los derechos humanos pone fin a la impunidad, la economía comienza a recuperarse de la profunda crisis en que la dejaron largas décadas de gobiernos entreguistas, de este modo empieza la distribución de la riqueza, base insustituible de la justicia social, la dignidad reemplaza a la sumisión en la relación con el FMI; se acaban de una vez por todas las relaciones carnales, ahora nuestro horizonte de construcción son nuestros hermanos latinoamericanos. A su vez vemos como en todo Sudamérica gobiernos revolucionarios y progresistas desde Chávez hasta Tabaré van construyendo sincrónicamente una alternativa al imperialismo como se demostró en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata.

Pero acaso lo más importante es que Kirchner nos propone enfrentar a la vieja política, la política como privilegio. El Pueblo empieza entonces a recuperar la política como herramienta de liberación.

El contundente respaldo popular de octubre, hace crecer la convicción en la Victoria del Pueblo. Kirchner pudo a partir de este triunfo avanzar mucho más en la consolidación del proyecto nacional.

El presidente está cumpliendo, hizo mucho más de lo que muchos esperaban. Por eso en nuestra Patria vuelve a florecer la esperanza.

Ahora nos toca cumplir a nosotros; a muchos compañeros y compañeras nos toca dar el salto cualitativo de lo social a lo político, a muchos compañeros y compañeras nos toca religar nuestras prácticas con la organización popular, en síntesis tenemos ante nosotros el desafío de la reconstrucción del movimiento nacional.

Porque sin participación popular no hay movimiento nacional y sin movimiento nacional y popular no puede haber un proyecto nacional. Los proyectos de cambio son viables en función de las fuerzas sociales y políticas que son capaces de convocar para la transformación. Se hace necesario entonces un movimiento que organice la esperanza, que rescate el valor de la unidad (superando la fragmentación del campo nacional y popular), que acompañe y amplifique las políticas del gobierno, que genere propuestas de cambio y se constituya como puente de ida y vuelta entre el Estado-Nacional y los más humildes.

Pero la unidad no se declama sino que se construye. Y el movimiento no es una mera idea sino que implica un ejercicio de la voluntad de muchos compañeros y una forma de organización: por frentes -para generar la movilización y la acumulación política- y por secretarías -para articular a los frentes entre sí y a todo el movimiento con el Estado-. Una organización de carácter federal donde tengan la palabra los compañeros y compañeras de cada una de las provincias.

El movimiento que soñamos debe ser capaz de ser síntesis de las luchas de resistencia al modelo neoliberal y las construcciones políticas que no claudicaron en las banderas históricas, debe ser capaz de rescatar los actores y las prácticas históricas y actuales del movimiento obrero organizado en su lucha por la distribución de la riqueza, con un modelo de sindicalismo con un oído pegado a las necesidades del Pueblo y enmarcado en un proyecto nacional de liberación.

Hemos pensado en ponerle un nombre a esta voluntad política que es a su vez una gran convocatoria: MOVIMIENTO EVITA.

¿Por qué movimiento? El movimiento es acción. La forma histórica de organización que adoptó nuestro pueblo en sus luchas emancipatorias. Movimiento es unidad en la diversidad. Contiene a las diversas expresiones sociales y políticas y a la vez las articula en una política única, estratégica. No es una línea interna, ni una cooperativa para disputar cargos. No es un partido que digita desde afuera la política de las masas sino el fruto de la organización de éstas. El movimiento es una expresión de la fuerza nacional, popular y federal.